Muchas veces se escucha decir que “el fular es solo una moda”, “el fular es un chisme innecesario” y otras afirmaciones de este tipo. ¡Nada más equivocado! Hace tiempo era el cochecito el capricho. El fular acompaña a los seres humanos desde hace siglos. En diferentes partes del mundo distintas civilizaciones elaboraban sus propios sistemas de llevar a niños. Mientras tanto el primer cochecito se inventó tan solo en el año 1773 – diseñado por William Kent para el tercer hijo del Duque de Devonshire. En aquellos tiempos esta invención era accesible solo para la aristocracia.


El fular no es ninguna novedad ni un capricho. Es una vuelta a las raíces, es una respuesta a una necesidad básica del niño – el sentimiento de cercanía, de contacto y de seguridad. Los padres contemporáneos ahora vuelven a descubrir las ventajas de llevar a sus hijos.
Los niños portados y abrazados lloran menos – unos amigos justo después de sus vacaciones en África se deleitaban con mi fular comentaban que en África todos los niños se llevan pegados al cuerpo. También comentaban lo increíble que es que aquellos niños no lloran nunca”. Después de varias semanas de estancia allí solamente vieron una vez una niña llorando – lloraba porque se asustó de ver a personas blancas.
Mientras en las culturas occidentales modernas se supone que los niños lloran de promedio 2 horas al día, en otras culturas – donde los niños son llevados casi todo el rato – este mismo dato se calcula en minutos. Los niños llevados, participan en la vida de la familia arropados por sus mamis todo el tiempo y simplemente no tienen causas para llorar.
En 1996 en la revista científica Pediatrics publicaron resultados de estudios según los cuales llevar a los niños reduce el llanto y el gimoteo de los niños un 43% durante los días y un 51% por las noches.
El niño llevado es un niño feliz – el sentimiento de seguridad es una de las necesidades básicas de los niños pequeños. El balanceo y la cercanía de la persona mayor ayuda en el proceso de formación de este sentimiento, forman su confianza. Con nuestra cercanía aseguramos al niño que el mundo alrededor es amistoso.
Los niños llevados en fulares aprenden más rápido – investigaciones han demostrado que por la cercanía con el padre, escuchando a su ritmo: el latido de su corazón, su respiración, su voz y sintiendo su calor el recién nacido (especialmente bebés prematuros) tienen mayor facilidad en la adaptación al ambiente fuera del vientre de la madre. El niño llevado pasa más tiempo en estado de “vigilia silenciosa”, estado que es ideal para el proceso de aprendizaje. El padre se pone en mejor contacto con su peque – según los científicos los padres hablan más a los niños cuando ellos están cerca, en el fular. Además los sentidos del niño se estimulan más (el pequeño está viendo el mundo en lugar de mirar siempre al cielo o al techo). El niño también aprende a tomar decisiones (p.ej. a que lado quiere mirar). Todos estos factores influyen el desarrollo intelectual del bebé. El fular ayuda además al desarrollo del sistema nervioso del bebé, porque participa activamente en actividades cotidianas de la madre o del padre.
Los niños portados en fulares se desarrollan mejor físicamente – el bebé en el fular toma la postura natural, fisiológicamente apropiada (la espina redondeada e intervalo de las piernitas). Las piernitas espaciadas en la “postura de rana” ayudan al correcto desarrollo de las caderas del bebé. Además el balanceo delicado estimula el desarrollo del sentido del equilibrio.
Otra razón para usar el fular es la ayuda durante los cólicos – los niños llevados en fular aguantan mucho mejor las dolencias relacionadas con los cólicos. Llevar alivia el dolor (por el masaje delicado y el efecto del calor) y permite a los padres descansar un poco, relevando a los cansados brazos.