El fular, además de ventajas para el niño, tiene también varias ventajas para los padres:
La soltura – es maravilloso a tener nuestro hijo tan cerca manteniendo al mismo tiempo las manos libres. Con el niño arropado con el fular podemos limpiar, desempolvar, lavar los platos, poner la lavadora o lavavajillas, colgar la ropa, regar el césped, recoger las hojas, hacer compras, pasear con el perro, trabajar con el ordenador, jugar con el niño mayor, jugar en parque o incluso bailar. Tenemos al niño abrazado cuando paseamos por el bosque, mojamos los pies en el mar, subiendo las montañas. No nos importan las escaleras, los pasos estrechos o la entrada al autobús. En el fular podemos llevar el niño a todos aquellos lugares inaccesible para los cochecitos.


La felicidad – Llevar al hijo establece con él una relación mucho más fuerte y emocional. Reaccionas más rápido a los cambios de humor de tu hijo, es más fácil leer sus señales. El fular da la posibilidad para los padres de tener cercanía con el bebé que hasta hoy estaba reservada solo para las madres. Además un padre con el niño en fular llama la atención, provoca sonrisas y comentarios simpáticos.
La comodidad – el fular no es solo un porte. Se le puede usar también como la manta para poner en el césped o para arropar al bebé. Puede servir como una hamaca, un columpio, una tienda de campaña, un abrigo contra la luz o el viento. O como cualquier cosa que se nos ocurra en nuestra imaginación (manteniendo el sentido común).
La adopción – el fular puede ayudar particularmente a los padres adoptivos. Llevando en fular hasta cierto punto recuperamos el tiempo perdido del embarazo. Para el niño adoptivo tal vez cura las heridas creadas por la separación con su madre biológica acostumbrándose a sus nuevos padres (escuchando sus voces, sintiendo la cercanía y conociendo el olor). También merece la pena llevar a niños adoptivos más grandes, aunque al principio pueden ellos rechazar tanta cercanía, también tienen una gran necesidad de sentir cerca a sus nuevos protectores.